domingo, 17 de agosto de 2008

What can a man do? ...

He ido a conciertos masivos y privados, tocadas, antros macuarrones y "con cadenero", bares, cantinas y pulquerías, fiestas super fresas, sonideros, raves, acampado en la playa y tepoz , museos, exposiciones, a las luchas, a los toros, antros gay y téibols. Ya he jurado amor eterno, he odiado la vida, he planeado minuciosamente mi suicidio, he sido engañado y vilmente utilizado por mujeres, le he roto el corazón a un par también ... he andado de free, he dado hotelazos, he tenido una relación de mas de dos años, he besado chicas de las que no conocía el nombre, andado con una mujer mayor ... he mentido a mis padres, les he confesado todo, me he ido de pinta, he sido un buen alumno , he tenido trabajos de medio tiempo, he sido rodie, he tocado en una banda; he vestido de manta, me he dejado el cabello largo, he vestido de traje con cola de caballo (extrema finura) y me he prometido que lo último que haría en la vida sería trabajar de oficinista, me he rapado, he tocado "Drain You" en una azotea de naucalpan y "Liebesleid" en la sala nezahualcoyotl; he consumido marihuana hasta en licuado, me he fugado de casa, he bebido en la acera, en la escuela, en las islas y solito en mi habitación; he comenzado la fiesta en algun punto de la ciudad y recuperado la conciencia en otro completamente distinto, he llamado ahogado de borracho a una exnovia diciéndole que " ora si ... te jjjuro que me maato ... iia no puedo", escribí poesía, amé, choqué y puse lana de mi propio bolsillo para arreglar mi primer coche, he vandalizado, peleado con granaderos y marchado en manifestaciones del EZLN y el CGH; he leído a Castaneda, El Mahabaratha y creo que hasta a Lobsang Rampa en solemnísima búsqueda espiritual, por algún tiempo no manejé otro outfit que no fuera converse, mezclilla y playeras talla XXG del tianguis del Chopo, fui rebel cuando Pablo Luna dirigía a los Pumas, se instalaban a un costado de palomar y todavía no era la "barra del pebetero, la que conoce el mundo entero", le bajé la novia a un cuate de la secun, no le llegué a otra porque aprendí a respetar y valorar la amistad de los cuates de la secun sobre cualquier otro tipo de relación y luego le perdí el rastro a todos mis cuates de la secun.

En éste extenso currículum debe haber al menos tres faltas groseras de clichés adolescentes que no he cumplido, requiero por ende de la ayuda de las tres personas que me leen para descifrar cuáles son. La razón es harto importante: creo que el hecho de no aceptar mi inminente caída al abismo de lo adulto contemporáneo se debe en gran medida a que siento el discurrir de mi adolescencia incompleta y cual espíritu penante que (de acuerdo a Jaimito Mausan y Carlos Trejo) deja "cosas pendientes" por hacer que no le dejan descansar, mi yo adolescente niega a desprenderse del todo de mi hasta que se sienta completo.

No encuentro otra deducción lógica al hecho de salir "como poseído" cada noche de antro en antro, de bar en bar, de fiesta en fiesta incansablemente, aunque mi cuerpo y mi mente griten en silencio "¡mmppfuta, ya! que hueva", hay algo que me falta hacer para que mi yo puberil descanse en paz y pueda yo disfrutar a cabalidad de mis noches de tranquila, apasible y adulto contemporanea pre - vejez.

Hasta el momento sólo he podido reconocer tres:

1) Comprar un vaso gigante de refresco en un cine, vaciar la mitad y llenarlo con alcohol previamente llevado en una anforita y beberlo mientras veo una mamada de película.

2) Rayarle el coche a mi profe de Cálculo de la prepa

3) Jugar Ouija

* aparte de ser chambelán en unos quince años; la única vez que tuve oportunidad de semejante cosa fué cuando una vecinita me lo pidió ... y rajé gachamente. No la tomo en cuenta porque un chambelán de veinti- hmájamm? ... se vería muy raro.

Sus aportaciones serán tomadas en cuenta y evaluadas en asamblea, en cuanto reuna suficientes procederé a cumplirlas con rigor y carácter ritual para después ir al lago de Chapala o Xochimilco con una representación totémica de mi yo inmaduro que será quemada en una balsa al estilo de los funerales vikingos.


viernes, 18 de julio de 2008

Positively ... coffee??

Recientemente sostuve una conversación con una persona que me comentaba que recién había regresado a casa de tomarse un café con un amigo. Naturalmente, le inquirí - ¿y cómo te fué?. "Pues bien (contestó), creo que puede ser un muy buen amigo potencial".

Tomar café con alguien y regresar a casa con un buen amigo potencial es un fracaso, argumenté fríamente.

Mi interlocutor trató de contrargumentarme con racionalismos del tipo: "ash es sólo un café ... no me voy a casar con él ... no iba con esa idea ... no soy tan slut como tú".

A lo que repuse: "Pues es que lo que yo creo es que ¿Quieres ir por un café? en realidad significa: me agradas ¿quieres jugar a ver si somos compatibles?".

Lo que trataba (y trato) de sostener, es que no se puede reducir el acto de sentarse a la mesa a tomar café con un extraño como una eventualidad; situación puramente lúdica o de esparcimiento, puesto que se trata de un encuentro social (un encuentro socialmente construído, válgaseme el pleonasmo) que de ninguna manera puede tomarse como cita casual. Las razones de éste tipo de racionamiento no apuntan tanto a formalizar, solemnizar o sistematizar una situación de la vida cotidiana de lo más frecuente (cosa por demás imposible) como en evitar caer en posiciones que se fundan sobre justificaciones tales como: " es que YO no soy un fracasado(a) TÚ eres una guarra".

Desde luego hay casos que romperán la regla: se puede tomar café con el fin de estrechar lazos de verdadera amistad, o con algún compañero con quien se discute un proyecto de trabajo, por ejemplo; por no mencionar que el hecho de que la propia madre lo invite a uno a tomarse un café no implique a la mañana siguiente el despilfarro del patrimonio familiar en instituciones psiaquiátricas. Además es justo decir que se está completamente de acuerdo en que para considerar a la "charla de café" como un encuentro social se deben de contar con una serie de elementos a priorísticos que dicten que debe ser así y no de otra manera en cada uno de los casos.

Bástenos con considerar el factor tiempo como condición necesaria y suficiente para demostrar una hipótesis de trabajo sobre un caso particular, que sirva para comenzar el establecimiento de dichos principios apriorísticos: dicha condición necesaria la daría el hecho de no tener el tiempo suficiente de conocer a una persona para concederle título y trato de persona íntima.

Entonces, desde luego, se tomará la decisión de invitar o aceptar la invitación sobre la base de elementos mas o menos banales: buena apariencia, buena charla, curiosidad. Que evidenciarían una concepción del otro como objeto que como tal apunta, al cerrarse en un marco de interacción cara a cara, a su posesión - Se toma ésa intención de poseer al otro no en un sentido de posesión moral o física (aunque ninguna de esas posibilidades queda excluida, en rigor) sino en el sentido profundo del existencialismo, expuesto en un post anterior -.

Asi se demuestra una situación que es válida para todo ser humano sin excepción
, de la que no puede escapar mediante ningún racionalismo. Pero justo aquí es donde la cosa se pone interesante y es también el puerto del que parto para demostrar mi idea de fracaso.

He ahí que tengo a mi comensal frente a mi a la mesa; en un contexto social que me sugiere (casi me exige) desinhibición, soltura e informalidad a pesar de mi incontrolable nerviosismo; al mismo tiempo me encuentro rodeado de un número finito de elementos (la cuchara, la taza, el azúcar) que sirven como "fondo" de mi acción. En pocas palabras, me hallo en situación perfecta de representar un papel, como si de un montaje escénico se tratase.

¿Cuál es el papel que represento?¿Cuál es la personalidad de mi personaje? ¿Que características debe reunir el hombre/mujer que he elegido ser para tener éxito en la posesión del otro?... Ninguna de éstas informaciones nos hes dado a priori, sin duda. He ahí que deba "inventarme" yo mismo ése personaje y ¿cómo he de "inventarlo"? ... nada mas y nada menos que actuando.

Al tiempo que creo mi personaje, me deshago en un vaivén interminable de miradas, gestos y palabras; todos y cada uno de los cuales apuntan a un sólo objetivo: hacerme agradable a la presencia del otro. Puede elegir representar una comedia, montar una tragedia u optar por un extenso monólogo (mata citas por excelencia) para lograr mi objetivo. Y al hacerlo no quiero sólamente hacer las delicias de mi comensal (pura gratuidad) sino que quiero ser alguien por medio de ella/él: si opto por la comedia no quiero que mi acompañante ría, quiero ser gracioso; en la tragedia no quiero que se preocupe por mi: quiero ser profundo y complejo, en el monólogo interesante y carismático, etc. Y esto no por egoísmo, sino porque es la única manera de tener éxito en la interacción que mi comensal y yo concertamos - si fuera de otra forma mi comensal siempre puede forzar su risa o fingir preocupación o interés, pero ninguno de los dos hallaría satisfacción en ello - .

De ahí que el hecho de no haber sido suficientemente gracioso, carismático, interesante, etc. No puede atribuírse a algún ente o sustancia exterior a mi mismo (el clásico, no hubo química), sino que sólo puede ser correctamente expresado como el fracaso del proyecto que emprendí: proyecto de ser simpático, de ser interesante, de llevármela(o) a la cama...

Así pues: jugar a ser compatibles, a representar un papel que no es otra cosa que hacerme a mi mismo tal y como quiero, es la acción por la que me comprometo a ser proyecto de ser en un mundo en el que mi situación me está dada (la serie de objetos, disposiciones y reglas de cortesía del café como metáfora de un mundo que funciona de cierta manera, antes de mi) y en función del otro. No encuentro razón alguna para relegar al plano de la gratuidad y la contingencia un acto que aunque cotidiano y de lo más frecuente pueda revelarnos atisbos de lo que realmente somos, aún y sobre todo, en el fracaso.

martes, 15 de julio de 2008

Ant Counter

Perdí mi teléfono celular hace un par de meses. No era nada espectacular: no tenía cámara de foto o video, ni reproductor de mp3, ni reproducía los ringtones polifónicos de daddy yankee o nigga ni mostraba las fotos de la tetanic como protector de pantalla ni tenía gps integrado ni capacidad para conectarse a la red; caray, ni siquiera contaba con chip o pertenecía a los modelos GSM. Era un simplón teléfono digital que cumplía con las funciones básicas de llamada a celular o teléfono fijo, mensajería y despertador.

Después de intentar recuperarlo y fallar, decidí ir a comprar otro teléfono y cancelar mi antigua cuenta. Fuí con la mente fija en comprar un teléfono que cumpliera con exactamente las mismas funciones de mi aparato anterior con la intiuición de que sería lo mas conveniente (es decir, económico) para mí. Vi todos los modelos en exhibición, en efecto, un aparatito con las mismas funciones te sale en unos 300 pesos.

Perfecto ... pero ... ¿por qué no buscar algún otro que me ofrezca otra función por una módica diferencia de precio? Seguí buscando, y encontré un modelo que aseguraba reproducir mp3 además de las otras funciones básicas por un total de 500 pesos.

Feliz por haber tomado lo que consideré una sabia decisión fuí a pedirlo con el estímulo extra de recibir 300 pesos gratis de tiempo aire con su compra.

Mi entusiasmo se fué transformando en incredulidad conforme firmaba los contratos al tiempo que me explicaban: "Pues si joven pero para meterle los mp3 hay que comprar una tarjeta de memoria no incluída en 250 pesos, un cable para conectarlo a su CPU en otros 180 pesos porque no tiene blue tooth ni infrarojo ... ahora, el tiempo aire gratuito si se le otorga pero a condición de que compre dos tarjetas amigo cada mes, o sea que de momento le "regalamos" 100 pesos (que por lo demás paga usted de activación de la unidá) y los otros 200 se le añaden a su cuenta si compra crédito antes del día 30 de cada mes" todo mientras dejaba caer con desgano una cajita de 15 X 15 cm. que contenía al pequeñito teléfono sobre el mostrador.

Al momento recordé esa lección de dinámica de mercados que, antes que Marx, Dobb o cualquier profesor de historia industrial, me enseñaran los Monty Pythons cuando tenía yo algo así de 16 años:



Hallé irresistible pensar que estaba comprando una hormiga ... y que a mi nuevo teléfono debía llamarlo Marcus.

sábado, 28 de junio de 2008

Los medios también son escuela

Hace unas horas viví una escena pasada en un flashback: me ví siendo un mozo de 17 años, curso el último año de preparatoria y estoy sentado recargando mi espalda entre el pupitre y la pared de la última fila del primer pasillo (mi lugar de low profile favorito desde la secundaria) un novato y muy improvisado maestro de álgebra trata inútilmente de dar la clase, cuando un compañero y buen amigo se levanta intempestivamente de su asiento y profiere audiblemente pero ensimismado y con la mirada perdida las palabras: "no es porno ... no es porno"

El profesor lo mira con cara de fastidio y lo conmina a dejar su comportamiento absurdo - no es la primera vez que algo así sucede - y volver a sentarse, pero sólo obtiene como respuesta - "Bárbara ... no es porno". Luego refiriéndose al resto nosotros: "... no es porno".

Una manga de idiotas nos reímos a carcajadas del espectáculo que estaba montando nuestro compañero , el resto sólo sonreía con gesto extrañado y de conmiseración, para con el maestro y el alumno también. El caso es que yo me sigo riendo a carcajadas hasta el día de hoy de la escena pero de la misma manera que en esa mañana (creo que era octubre, del año 2000) al día de hoy no termino de entender cabalmente por qué carajos me da tanta risa.

Ya es hora de que vaya dándoles (o recordándoles, si son suficientemente viejos para hacerlo) contexto, lo que mi amigo - de nombre David, aunque ya no recuerdo el resto de su nombre - estaba haciendo era reproducir ésta escena:



No creo, como ya lo dije en otro argumentativamente flojo post, en el potencial ideologizante excesivamente alto que se le asigna al "cuarto poder" mediático, pero si rechazara ésa postura, aceptara y tomara como premisa indubitable que los medios masivos de comunicación cumplen una función formativa del sujeto - social, que se presente apto y adecuado para el mantenimiento y reproducción del sistema estructural (hegemónico) que lo forma, ¿¿alguien podría explicarme que diablos hicieron de nosotros??

jueves, 12 de junio de 2008

Bastante viejo para recordar

En fechas actuales me encuentro haciendo mi tesis (mi eternísima tesis) de licenciatura, con respecto al ilustre filósofo, escritor, editor (de una revista pro nazi), periodista, revolucionario, demócrata, cuasi - embajador, amante de mujeres oligarcas, educador y político José Vasconelos. Cuando creí con arrogancia que habría circunscrito toda actividad que el hombre habría hecho en su vida, me topé con esto:


José Vascelos, TV Host

Este hombre hizo de todo, en verdad, que bárbaro. Fue pionero hasta en éste tipo de programas para desvelados sin vida propia. Lo que mas me generaba expectativa con respecto a éste documento audio visual era escuchar la voz del maestro nacido en Oaxaca, que vivió toda su infancia en Piedras Negras y buena parte de su exilio político en los Estados Unidos, España y Francia. Vaya sorpresa, ni "seseos" españoletes ni fonética sajona ni muletillas del norte o del sur de la república, tiene el mas perfecto acento chilango que haya escuchado, no tan grácil como el tepiteño o sutil como el de iztapalapa, sino mas bien como de viejito comerciante del centro o habitante del barrio de Tacubaya, donde por cierto murió dos años después de la transmisión de éste episodio de Charlas Mexicanas, en 1959.

Ahora tengo un pretexto perfecto para visitar la videoteca de la Unam - único acervo, junto con la fonoteca que nunca he visitado - y buscar mas de estas joyitas para integrarlas a mis fuentes primarias, sólo espero no quedarme dormido en el proceso.

jueves, 5 de junio de 2008

Yo solo quiero que me quieras

Esto de los blogs acarrea unas cuantas sorpresas interesantes.

Este post está inspirado en éste post y mas que eso, se apropia de él para además, no llegar a ninguna conclusión (si seré cabrón) pero todo ha sido motivado por el hecho de haber querido comentar la entrada y no haber podido meter toda la información en un triste comment. Patricia, de entrada lo lamento, pero me hizo pensar demasiado y fué la única manera que encontré de responderle.

El post se resume así: Una misma situación, dos distintas resoluciones. Patricia mira una imagen vergonzante (para ella y sólo para ella) y decide que la mejor posición que puede tomar al respecto es publicarla en su blog, hacerla visible a ojos de todos sus lectores y ella misma, y como pináculo y justificación del ejercicio propone una enseñanza moral: el dolor y la felicidad* van de la mano, sus fronteras están lánguidamente delimitadas.

Mauricio - nombre real del autor - mira una imagen vergonzante y decide que la mejor posición que puede tomar es deshecharla, (tratar de) olvidarla, recurriendo desde una lógica de "si no lo veo no está ahí" hasta meditaciones zen acerca de lo innencesario del "equipaje emocional" y la importancia del desapego.

Primera respuesta

Partiendo desde la trinchera teórica que mejor conozco, el existencialismo, trato de analizar fríamente ambas conductas: hay un hecho innegable detrás de ambas elecciones, ambos sujetos desean amar y ser amados, ambos ven ése proyecto frustrado. Los dos miran con una mezcla de resignación, desagrado y respeto la decisión libremente tomada por el sujeto ante quienes pretendían convertirse en objetos de amor (recordar que en el existencialismo sartreano, el prójimo -el otro- me "cosifica" con la mirada y acepto de buena gana, a condición de convertirme en fin último y trascendente, es decir, un objeto imprescindible en el mundo y que se establezca como referente y límite a su libertad; el objeto en el cual el otro acepte encontrar su ser y su razón de ser).

Patricia tomaría en apariencia una postura muy razonable ante el rechazo, ninguna decisión ha sido tomada con el objeto de herir a nadie (que la relación que alguien mas decida tener en efecto, le duela, es pura contingencia) y ella desea sólamente expresar con honestidad su percepción de tal hecho, sin reclamar nada para sí. Sin embargo, en el hecho de la publicación de la foto y la aceptación de desagrado al mirarla se encuentra, subyacente (desde el existencialismo, aclaro) una actitud muy próxima al masoquismo. El masoquista no quiere ser nada sino ser objeto, quiere y ama su vergüenza como signo profundo de su objetividad; quiere ser deseado y se hace objeto de deseo en la vergüenza, al mismo tiempo, no quiere cautivar la libertad del otro, desea que su libertad sea y se quiera radicalmente libre. No obstante, quien paga a alguien para que le azote (actividad S & M simbólica por antonomasia) no hace sino usar a esa persona como instrumento y cuando el fin último es disfrutar su objetividad, en realidad no logra mas que sumergirse en la conciencia de su subjetividad, hasta la angustia. No es un látigo precisamente sino la fotografía el instrumento de tortura, testimonio (que no acción) de la absoluta libertad del otro que en lugar de cosificar a Patricia, relegarla al plano de los objetos en el mundo del amado (o dejarla fuera de la foto) hace que viva angustiosamente su subjetividad ante el hecho de ser hecha a un lado.

Mauricio no está mucho mejor parado. Y es que él tomaría en apariencia una postura muy razonable también: la renuncia. ¿Pero la renuncia basado en que premisa? En la idea de que su amante, además de elegirlo libremente como amado, debía hacer de él una elección absoluta. ¿Por qué? Sencillamente porque antes de ser amado, inquieto por esa gratuidad injustificada e injustificable que era su existencia, el pobre no se hayaba en ningún lado, pero sintió como ráfaga que su existencia era recobrada y querida por una libertad total a la que a su vez condicionaba y que el mismo quería libremente. Quería, simplemente, vivir una de las mas grandes alegrías que provée el amor: sentirse justificado de existir. Cuando le ofrecieron una vida sin justificación y valorizado como uno entre otros amantes no lo soportó y abortó, sin mas, explorar otras posibilidades.

Segunda lectura

Es un hecho tanto que de acuerdo a monsieur Sartre ambas actitudes están destinadas al fracaso como que pese al gran respeto que le guardo me quedan mis dudas con respecto a su análisis. Si Sartre se equivocara (y casi todo apunta a que, en efecto, lo hace) los hechos puntuales son: Patricia se muestra imperturbable, inconmovible y segura de si misma en su decisión de querer a alguien pese a todo, Mauricio renuente a aceptar cualquier trato en el terreno amoroso que no implique total entrega, aunque esté bien conciente de que nada dura para siempre.

La actitud de Patricia hace dudar a Mauricio: ¿Que actitud es la correcta? La de quien, como ella, a pesar de todo dice "si" y está siempre cerca del que quiere, a pesar de los celos, a pesar del dolor a pesar de quizá nunca ser correspondido ... ¿No es ése el verdadero cariño, el que no espera nada a cambio?. O uno debería pedir todo de su pareja, sin condiciones, así su encuentro implique un proyecto a largo plazo o un simple lapsus pasional, un "si" total, sin restricciones y malentendidos que no corra el riesgo de diluírse en una larga espera.

Todo eso pasó por mi cabeza antes de decidirme a publicar esta entrada y he tratado de sintetizar horas de divagación barata en un sólo post, sin llegar a ninguna conclusión porque en el punto en el que dejo el post, me encuentro atorado. Fué con la mejor de las intenciones señorita, y si no fué de su agrado para la próxima me quedo con la bocota callada.

* me llamó la atención que en vez del placer, antípoda natural de la experiencia de dolor, prefiriera el uso de felicidad, un valor; lo que me hizo suponer y tener el carácter (o cometer la osadía) de suponer una relación afectiva mas allá del puro goce.

martes, 3 de junio de 2008

De tripas, corazón ...

Amiga de la universidad en plena transición de veinteañera "pura banda" a treintañera responsable: ¿Cómo estás K.?

K. : Pues mal chica, ando triste por una relación que terminó

Treinañera: No te preocupes, estás en proceso de desencanto

K. : ¿Con respecto a la relación o con respecto a la vida en general?